CULPA DE LOS MUERTOS -novela-

Sinopsis Breve:

—¿Cómo te metiste en esto tío?

—¿Qué cosa, Camilita?

—Mamá dice que la policía te corre, que siempre fuiste medio tonto y te metías en líos, y después ella tenía que salvarte.

—¿Eso dijo mi hermana?

—Todos dicen lo mismo. Tío José, tía Isabel, tía Hortensia.

—Entonces, debe ser verdad, Camila. La opinión de la mayoría es la verdad en la democracia.

—¿Te metiste en líos?

—Mi vida siempre fue un lío, tesoro. Al nacer no me entregaron el manual de instrucciones, y la gente que intentó ayudarme no hizo más que embrollarme más explicándome disciplinas, ejercicios, criterios y pautas.

 

Quizás allá en el fondo me estaba contando a mí mismo el disparate que significa otorgar poder, y los cuentos para Camila eran el mejor modo de aclarar mis ideas. Si conocés el poder, te acorrala. Si no lo conocés, te aplasta. Se apagó el fuego de la revolución y al disiparse el humo comprobamos que únicamente cambiaron los empleados administrativos. Quedó la cáscara de Estado con su democracia formal, ¿y qué más? ¿Adónde está el pueblo que gobierna a través de sus representantes? ¿A quiénes representan esos representantes? ¿A nosotros o a sus propios intereses, que para eso los tienen? ¿Dónde está la república? ¿En la formalidad del himno y la escarapela que se muestran afuera? Adentro está el poder que asesinó gente y después se lavó las manos en la misma jofaina que el gobernador Poncio Pilatos.

Estrené mis veinte años llorando en las capillas ardientes que sólo estaban en mi conciencia. Los cadáveres de mis amigos nunca aparecieron. 

La conciencia es el único testamento que nos quedó después que Moisés hizo trizas las Tablas de Dios en el Sinaí. Ésa conciencia es el único cielo y el último infierno que tenemos los desterrados.

No sé cómo explicarte, muchacho, pero te puedo jurar que estás desperdiciando tiempo. Lo único que tenemos de verdad los humanos es tiempo. Un plazo. No te conviene perderlo junto a mí. Afuera está la vida, furiosa de belleza.

—Yo tomo mis propias decisiones.

Quería evitarte todo esto ahora que sé que las celulitas con forma de panal me están tragando vivo. Esa anarquía se llama cáncer, pero es apenas un detalle al lado del remordimiento que se enrosca como una serpiente ciñéndose con más y más fuerza desde aquellas noches malditas. Escuchá a Homero Manzi: “Y hoy que no vale mi vida / ni este pucho del cigarro / recién sé que son de barro / el desprecio y el rencor” ¿Tiene algún sentido el rencor?

Ya no puedo culpar a los tres padres de la Junta de Comandantes la opresión, la fuerza, los crímenes y la maldad. Videla se pasó aplastando el culo en los reclinatorios de la Catedral Metropolitana. Massera siempre siniestro vigilando la violencia con esa mirada entre cuévanos bajo las matosas cejas. Del tercero, ni me acuerdo y habrá sido el peor.

“Y perdónanos nuestras dudas”.

 

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Fragmento de la novela, publicada en 2008 en Barcelona, editorial Rubeo en español.

Traducida al francés por Frédéric Gross-Quelen, publicada en Strasbourg, Francia, 2014 Editorial Le derniére goutte.

 

 

 

 

Autor/es:

Alejandro Bovino Maciel

Año de Lanzamiento:

2014

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